
Dudas por la calidad de algunos
medicamentos "genéricos"

El Gobierno
afirma que todos son seguros y efectivos. Pero médicos y profesores dicen que
hay remedios de calidad dispar y algunos ineficaces. Los más señalados son los
anestésicos, tranquilizantes y anticonvulsivos.
En apenas cinco años
logró erigirse como uno de los pocos ejemplos de aquello que todos los políticos
y candidatos reclaman y dicen ofrecer: una política de Estado. La prescripción
de medicamentos por nombre genérico de la droga colocó a la Argentina en línea
con los países desarrollados y causó rápidos y evidentes beneficios. ¿Los
principales? La inédita participación del paciente en la elección de su remedio
y una espectacular caída de los precios de los medicamentos. Pero algunos
médicos e instituciones profesionales alertan sobre un supuesto talón de Aquiles
en tan exitosa experiencia: la recurrente diferencia de calidad entre
medicamentos presumiblemente iguales.
Para empezar, hay que aclarar que en las farmacias argentinas no se venden
remedios genéricos, sino copias de medicamentos originales cuya patente
internacional ha vencido o no fue reconocida en nuestro país, que se ofrecen
bajo el nombre del principio activo que contienen. Pues bien, la capacidad del
Estado para controlar y garantizar la igualdad entre las copias de todos los
medicamentos está bajo sospecha. El jueves pasado, un fallo judicial prohibió a
las prepagas y obras sociales la sustitución de remedios de una marca por otra
-elección que sólo el paciente podrá hacer- y en algunos círculos médicos suenan
cada vez más fuerte supuestos ejemplos de fallas de calidad en medicamentos
copia. Los funcionarios, al unísono y casi automáticamente, relacionan
cualquier crítica o apreciación con el muy atendible argumento de que "están
fogoneados por los intereses de los grandes laboratorios multinacionales, que
sufrieron una dura caída de sus ganancias desmedidas". Semejante acusación
silencia muchas voces, hace que otras hablen a cambio del anonimato y, en
definitiva, dificulta una discusión abierta sobre un tema clave para la
salud pública. Veamos.
Hay decenas de factores que pueden causar diferencias apreciables entre dos
medicamentos aparentemente iguales, aun si la "copia" es químicamente
similar y está hecha con esmero: el tamaño de la partícula de la droga, sus
formas e isómeros (el "dibujo" de sus moléculas), la cantidad del componente
activo, el excipiente y los recubrimientos, las formas de liberación prolongada
(dato clave para establecer la dosis correcta y el intervalo de ingestión), la
solubilidad, el tipo de envase en el que es distribuido (si es de plástico o
vidrio, si fue o no calentado previamente, si es o no impermeable), y la lista
sigue.
Para el doctor Luis María Zieher, titular de la Fundación de Estudios
Farmacológicos y de Medicamentos, "está muy bien el planteo de acercar los
medicamentos copiados a la gente. Pero ese camino implica dedicar enormes
esfuerzos al control de la calidad, para garantizar que efectivamente sean
intercambiables con el original. Y aunque se está trabajando mejor hoy esa
igualdad no puede garantizarse. Lamentablemente tenemos unos medicamentos
para ricos y otros para pobres".
Zieher, que participó de la creación de la ANMAT -la agencia encargada de
autorizar y controlar los medicamentos- y fue durante años profesor titular de
Farmacología de la UBA, dice que "hay numerosos casos de falta de actividad o
mala calidad de algunos 'genéricos'. La ANMAT analiza y controla bastante, pero
no es suficiente. Se necesitan más equipos y personal".
Rodolfo Mochetto, jefe de departamento de Inspectoría del Instituto Nacional de
Medicamentos, de ANMAT, rechaza esa perspectiva. "Hay múltiples controles
cruzados de los seis departamentos del INAME (ver destacado en esta página).
Además de los programados, también hace mos análisis aleatorios de todas las
copias de una determinada droga, y obligamos a que todos los medicamentos
importados tengan controles de calidad acá".
Mochetto admite que desde que se aprobó la "ley de genéricos" en 2002 se
autorizó el trabajo de 22 laboratorios nuevos -un promedio de uno cada tres
meses-, y asegura que "el INAME garantiza la bioequivalencia y
biodisponibilidad de todos los medicamentos copia con respecto a los
originales", aunque aclara que "esto no descarta que las fallas de calidad
aleatorias que cualquier producto tiene también las puedan tener los
'genéricos'".
Pero aun la efectividad del INAME deja espacio para algunas preguntas. Un
ejemplo: la disposición 3877/07, firmada el 10 de julio pasado, ordenó el retiro
del mercado de siete lotes de ranitidina (un remedio utilizado para tratar
úlceras y reflujo gástrico) producidos por el laboratorio Klonal, porque los
comprimidos estaban a simple vista alterados. Pero hay más: sólo nueve meses
antes, la disposición 5799 había ordenado el secuestro de otros cuatro lotes
del mismo producto, y por los mismos motivos. ¿Un detalle? Ese medicamento
está incluido en los botiquines del Plan Remediar que el Estado
distribuye en los Centros de Atención Primaria.
Hace 5 años, la asociación de defensa del consumidor ADECUA comparó en
laboratorios la concentración de droga de varios medicamentos "genéricos" con
respecto a sus originales. Para la prueba, junto a un escribano compraron
remedios en 48 farmacias de Capital y GBA. ¿Los resultados? "Muchas de las
'segundas marcas' no daban el valor que tenían que dar", recuerda Sandra
González, titular de ADECUA. "Las muestras de ranitidina tenían entre 85% y 104%
de concentración con respecto al producto testigo, y las de diclofenaco (antiinflamatorio)
entre 95% y 105%. Una amoxicilina (antibiótico) tenía sólo 72%, y dos
amlodipinas (antihipertensivo) tenían concentraciones de entre 69% y 271%
respecto del 'original'".
González aclara que "no estamos en contra de la ley, porque fue exitosa
para abaratar los medicamentos en un momento de crisis económica. Pero no
queremos remedios de distinta calidad. ANMAT hará lo mejor que puede, pero yo
tengo dudas. Cuesta creer que haya tanta diferencia de precio en algunos casos",
desliza.
Pero las sospechas tampoco deberían imponerse a los datos. Un reciente análisis
de la Organización Mundial de la Salud sobre 34 medicamentos copiados en
Argentina dio 100% de certificación positiva, y según las autoridades de
Salud la calidad de los controles locales permitirá en poco tiempo que los
remedios aprobados en nuestro país ingresen sin trabas a la Unión Europea.
Sin embargo, hay ejemplos de problemas con varios 'genéricos'. Entre los
medicamentos más cuestionados -sotto voce, por temor al anatema del
Gobierno- están los anestésicos quirúrgicos. El doctor Marcelo Campos,
presidente de la Asociación de Anestesia de Buenos Aires, dice que "los
genéricos son una solución, pero queremos medicamentos con los controles de
calidad que corresponden, y que acá no hay. Hay varias denuncias de
colegas por falta de eficacia terapéutica."
Una anestesista con años de trabajo en clínicas privadas de Capital y un
hospital de la Provincia aceptó contar su experiencia a cambio de omitir su
nombre. "Algunas veces la medicación con la que debemos trabajar es pésima.
Nuestros pacientes deben dormirse de inmediato, no podemos esperar o calcular
cuándo estarán anestesiados. Algunos se duermen con un miligramo de midazolam y
a otros les doy una cápsula entera y no les pasa nada. Por ahí una peridural
que debe durar cuatro horas dura una, y eso obliga a hacer de apuro una
anestesia general", se enoja. "ANMAT sólo controla el peso de las ampollas",
dice la doctora.
Los anestésicos cuya calidad es más criticada son la lidocaína, que se usa para
anestesias locales -"lo que modifica su efecto es el tratamiento del vidrio de
la ampolla", dicen ante Clarín dos anestesistas-, los relajantes
musculares y la benzodiacepina, un sedante muy recetado como ansiolítico
por los psiquiatras a pacientes particulares.
Análisis independientes también descubrieron diferencias entre algunos
medicamentos "genéricos" indicados para enfermedades mentales. Clarín
tuvo acceso a esos resultados, que ya fueron presentados en distintos congresos
médicos y que alumbran la complejidad de esta discusión. Algunos ejemplos: en
hospicios bonaerenses que administraban distintas "marcas" de haloperidol -un
fármaco usado para tratar la esquizofrenia- se registró la necesidad de
incrementar las dosis hasta diez veces. El análisis reveló que la "copia"
tenía una composición química similar al original, pero diferente "dibujo"
molecular.
La comparación de distintos productos de otro antipsicótico, olanzapina,
mostraba grandes diferencias en los tiempos de disolución: en un lapso de
30 minutos algunas copias disolvían entre 93% y 98%, mientras que otras sólo 21%
y 9%. También se registraron diferentes velocidades de acción entre el original
y copias de un anticonvulsivo contra la epilepsia, la carbamazepina.
El doctor José Luis Tombazzi, vicepresidente de la Cámara Argentina de
Productores de Medicamentos Genéricos y de Uso Hospitalario, explica que "debido
a esos problemas hace algunos años se exige que los laboratorios que copian
medicamentos anticonvulsionantes y antirretrovirales -para tratar VIH- presenten
pruebas de bioequivalencia. Hace cinco años había siete u ocho medicamentos
para los ataques de epilepsia, y hoy quedan la mitad". Para Tombazzi, "todos
los productos legales son seguros".
Sin omitir su sospecha sobre oscuros intereses detrás de las advertencias sobre
supuestas fallas de calidad en algunos remedios "copia", el ministro de Salud,
Ginés González García -padre de la ley de genéricos-, asegura que "en Argentina
no hay remedios de primera y de segunda. Si un medicamento está en el
mercado es porque tiene los máximos controles del mundo".
Ginés enumera los éxitos de su política, que ninguna de las fuentes consultadas
por Clarín discute: "En época de inflación los medicamentos tuvieron
deflación. Entiendo que es difícil de explicar que dos productos que tienen lo
mismo cuesten distinto. Ocurre porque ya casi no se descubren nuevas moléculas,
y a la gran industria sólo le queda reforzar marcas y venderlas caro para
seguir ganando".
El ministro admite que "el problema de la calidad existe, pero está afuera del
frasco. El frasco está muy bien controlado por ANMAT y la propia industria. Hay
que trabajar en la calidad de la dispensa -muchos medicamentos se venden sin
receta-, el control de las falsificaciones -logramos bajarlas del 6%
al 2%- y, sobre todo, en la conciencia del paciente: es increíble la falta de
respeto de los argentinos para con los medicamentos. ¡Los convidamos como
caramelos!".
Dos fuentes que conocen al milímetro el mercado de los medicamentos en los
barrios populares y no están relacionadas con ningún laboratorio, coinciden en
un ejemplo elocuente: "Porque alguna vez le dieron cualquier cosa, mucha
gente pobre desconfía de los 'genéricos' y, haciendo sacrificios enormes,
termina com prado remedios más caros. Eso está mal y es peligroso. Hay copias
excelentes. Otras, no tanto". El Gobierno lo niega, pero en silencio
multiplica y refuerza los controles. Nunca serán muchos.
Clarin Noviembre 2007
Claudio Savoia.
csavoia@clarin.com